Mi hija ahorró para un Furby. Es la primera vez que ahorra para algo que quiere, y éso me da mucho gusto. Pero el mono tiene menos de dos horas en casa y ya lo odio (y él a mí).
El Furby es como el hijo demoníaco de un Tamagotchi y un Gremlin: Al principio puede parecer simpático, pero al paso del tiempo revela su verdadera, odiosa naturaleza. Habla (en su idioma, y dice la caja que puede aprender español), baila, hay que darle de comer y entretenerlo; nunca se calla y su voz es irritante. Cuando mi hija lo desatiende tantito comienza a chillar o a gritar desaforadamente. No se duerme, como dicen las instrucciones.
Para colmo de males, Logan (así llamó mi hija al Furby) puede estar de lo más contento, pero cuando yo me acerco un poquito a él, comienza a gruñirme amenazadoramente... juro que en una de esas clarito oí que me dijo "¡¡¡te voy a matar!!!... No es broma.
Prepárense, padres, porque el Furby parece que será el juguete de la temporada esta navidad. Si deciden comprárselo a sus hijos, les aconsejo compren una jaula para guardarlo mientras duermen. Sólo por si acaso...
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